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martes, 18 de mayo de 2010

Eres más fría y distante que en la noche las estrellas.

Si con los labios azules,
las manos temblorosas,
los momentos y el dolor
y el quemazón de la arena
corroyendo nuestros cuerpos
no hallaste aún,
Medea esculpida en alabastro,
el fiel licor que te resolviese los milagros,
al menos mira a las estrellas que se te asemejan
y que, calladas, dictan el destino
de nuestros pechos suspirantes
y entrelazados.

Ahí encontrarás las verdades muertas
que prefieres a la sangre palpitante y sincera,
pero imperfecta.

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