Aunque mucha gente no se dé cuenta, porque vive inmersa en el bipartidismo, simple y obvio, el sistema electoral de España es injusto. Y no sólo por la Ley D’Hondt, como muchos periódicos dicen, sino por el pequeño tamaño de las circunscripciones. Para el que no lo sepa, cada partido confecciona una lista de candidatos a diputados por cada provincia en la que se presenta. A cada provincia se le asigna un número de escaños en función de la población. Estos escaños se reparten entre los partidos según la ley D’Hondt. Al ser por provincias, un partido que esté presente en sólo 4 o 5 provincias, pero muy concentrado, saca más escaños que un partido presente en toda España, con más votantes pero menos concentrado en cada provincia. Eso es lo que pasa con los nacionalistas, poco repartidos pero muy concentrados, y otros partidos pequeños repartidos uniformemente por todo el país y con más votantes. El ejemplo más llamativo es el de CiU e IU, la primera con 200.000 votos menos que la segunda pero con 9 escaños más. Al estar muy concentrados en Cataluña, CiU se lleva la mayor parte de los escaños de sus provincias, pero por su parte, IU no puede competir en ninguna provincia con el PSOE y el PP, y sólo se lleva un escaño cuando hay 400. 000 ciudadanos que la votan en una provincia. Pero en total, IU tiene más votantes, sólo que están difuminados. Por esto, la circunscripción provincial no es representativa de la voluntad del pueblo, igual que un estudio estadístico aplicado sobre cinco personas no da información sobre el grupo de mil personas al que las otras cinco pertenecían. Le da una representación exagerada a los nacionalistas, ¿y qué ocurre? que la tercera fuerza política en el Parlamento son los nacionalistas, que negocian con el Gobierno. Y en vez de pactar seguir corrientes ideológicas afines a los dos partidos que pactan o determinadas medidas, los nacionalistas barren para su casa y piden privilegios para sus comunidades. Así, la voluntad del pueblo está secuestrada en cierta medida por el sistema injusto que pone al gobierno en manos de los nacionalistas. De esta forma, no se hace lo que quiere la mayoría del pueblo, ya que los nacionalistas son minorías concentradas en pequeñas zonas.
La única solución es que haya una circunscripción única a nivel nacional, así la composición del Parlamento sería verdaderamente representativa de la voluntad del pueblo en su totalidad. Pero claro, como la Ley D’Hondt favorece el bipartidismo, ninguno de los dos grandes partidos la cambiará, y ni aunque el resto de partidos se unieran podrían cambiarla, porque son poco más de 20 diputados contra 300 y pico que suman el PSOE y el PP. Por esto, es el pueblo el que tiene que hablar, informarse sobre esto y salir a la calle y manifestarse, hasta que el partido que esté en el gobierno (ahora el PSOE) no pueda seguir sin pronunciarse y dar explicaciones. Luchemos por que esto sea una democracia de verdad.
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