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lunes, 17 de marzo de 2008

Delimitaciones

I

Hoy, más que nunca, lamento ser carne.

Mirar al cielo y no comprender,

echarte de menos y no entender

por qué de ti tuve que separarme.

Mirar al cielo y no comprender

el misterio de esta existencia oscura

que banalizamos con generosa soltura

mientras lo “importante” decimos atender.

Echarte de menos y no entender,

bella diosa de obsidiana pulida,

por qué, en vez de esencia a ti unida,

materia de todo aislada debo ser.

¿Por qué de ti tuve que separarme?

La vida sólo tiene sentido a tu lado.

Jamás mi alma estuvo tan lejos de lo amado.

Hasta que a ti llegue, nada podrá pararme.

II

¿Por qué el hombre está tan lleno de poesía

y el mundo tan falto de ella?

¿Acaso la ahogamos cuando nos juntamos?

III

En mi recuerdo persiste esa playa:

las estrellas, el ruido de las olas al morir…

Y cada vez más deseo huir y cruzar la raya

que separa el sueño de la realidad, para volver a oir

el susurro del mar, que murmura:

¡A cada instante muero, pero siempre soy el mismo!

hermanándose conmigo en mi (nuestra) amargura.

Pues yo también bailo al borde del abismo,

muriendo a cada instante que no estoy contigo,

pero condenado a seguir siendo el mismo,

no el mismo mar, que fluye y que respira,

sino la misma piedra, que nunca estuvo viva.

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