Tú sentada al borde del precipicio.
Yo saltando en el fondo del abismo.
Tú contemplas ensimismada las nubes.
Yo lucho por llamar tu atención.
Me miras con expresión de dolor.
Te contemplo con los ojos
temblando de devoción,
con brillo de amor inocente
en mi mirada de loco enfermo.
Trato de escalar la pared del abismo,
trato de apoyarme en las inseguridades
sobre las que está construido,
pero pierdo pie una y otra vez.
Y tú, distante en la lejanía del cielo,
mirándome desde arriba como las estrellas,
serena y elegante como la luna,
haces como si no supieras de mi desdicha,
haces como si no vieras mis continuas caídas,
finges que no escuchas mis gritos de socorro,
y te niegas a lanzarme una soga, pues
crees que la quiero para ahorcarme.
No, amor mío, la quiero para trepar hacia ti,
para elevarme sobre mis miedos, dudas y ruinas,
condenarlos para siempre al abismo, para pasarme
lo que me quede de vida navegando tus ojos
henchidos de sentido, tus labios, mi única brújula
y nuestras manos entrelazadas, las velas...
...y juntos compondremos de nuevo la canción
que hace tanto tiempo expiró en mi corazón,
en el lugar donde desplumaron al ángel...
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