Páginas

miércoles, 28 de marzo de 2007

La Culpa

Sentado en el frío suelo de la mansión,

todo oscuro, puertas rechinando,

la luna iluminando su cara,

susurros como etéreas piedras

le golpean,

los aullidos de los lobos

le mecen en una calma furiosa.

Corta las flores del mal

que crecen en el jardín salvaje,

trágatelas, fúndete con su esencia

y empieza a asimilar

que la caricia tétrica del violín

ya se calló,

que las sábanas están manchadas de sangre

y que hay un cadáver flotando en la bañera,

que tus manos…tus manos,

tus manos huelen a culpa,

tu aliento hiede a muerte.

¡Cobarde, cobarde!

Mientras vas surcando

los cielos en descenso,

como un cometa apagado,

como un pájaro agotado,

miras con horror tus manos,

¡esas manos!

Abismo ardiente.

No hay comentarios: