¿De qué sirve que me ames
si puede que no vuelva mañana?
¿De qué sirve que viva
si puede que muera mañana?
El mundo me cansa, tu amor,
¿podrá rescatarme del abismo?
¿Eres tú la que estrangula
mi cuello, o soy yo que me afano
en verte reflejada en el espejo
de mi culpa ahogada en lágrimas?
¿La culpa de qué, dices?
Culpable de haber saltado
a este agujero
y haber enterrado
la cabeza entre los gusanos.
Lágrimas…palabras.
Palabras, lágrimas.
Palabras, palabras, palabras
¡lágrimas!
Eleva mi grito al cielo,
que descienda en forma
de lluvia lacrimosa,
que llueva, que llueva.
¡Que la vida explote
en mil pedazos,
que se desmonten
sus mecanismos
con macabro orden!
Que el mundo deje de girar,
¡o que mi corazón deje de latir!
pues no soporto que las dos cosas
sucedan al mismo tiempo.
Palabras, palabras y más palabras.
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