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martes, 27 de marzo de 2007

Soles nocturnos

Supongo que todas estas poesías os parecerán un tanto pesimistas y derrotistas, pero ahora mismo no soy capaz de escribir otra cosa. Mi poesía es reflejo de mi alma.

Soles nocturnos

El sendero de la noche

conduce hacia la luz.

El sendero de la noche

me guía entre

pantanos en los que,

cuales fuegos fatuos,

resplandecen unas

vacilantes luces.

No las sigo,

no son mi destino.

Los gatos maúllan

en el sendero de la noche,

los muertos ríen y

las viejas se regocijan,

un surrealismo racional

lleno de absurda ironía cobarde

se apodera de la vida que late

en sus últimos tañidos.

El viento sopla dirección norte,

la brújula señala el sur,

las cadenas se rompen,

los perros se asustan,

hoy no hay estrellas.

Me miró, y yo aparté la mirada.

Ninguno osó decir nada,

ninguno lo creyó necesario.

Me miró con esos ojos de luna,

esos soles nocturnos que en el

sendero me dan calor.

Me miró con ardientes esferas en sus cuencas,

y preguntó:

¿Dónde está la luz?

(¿qué tengo que hacer?)

Pensativo, la miré

y eché a reír,

una risa amarga.

Y los lobos se abalanzaron

sobre mí,

me devoraron,

ella me miró por

última vez

con esos soles nocturnos,

y yo, yo, yo…

¡Aparté la mirada!

¡Aparté la mirada!

Oscuridad, silencio.

Frío…

Y en la lejanía, un sol negro

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