Soles nocturnos
El sendero de la noche
conduce hacia la luz.
El sendero de la noche
me guía entre
pantanos en los que,
cuales fuegos fatuos,
resplandecen unas
vacilantes luces.
No las sigo,
no son mi destino.
Los gatos maúllan
en el sendero de la noche,
los muertos ríen y
las viejas se regocijan,
un surrealismo racional
lleno de absurda ironía cobarde
se apodera de la vida que late
en sus últimos tañidos.
El viento sopla dirección norte,
la brújula señala el sur,
las cadenas se rompen,
los perros se asustan,
hoy no hay estrellas.
Me miró, y yo aparté la mirada.
Ninguno osó decir nada,
ninguno lo creyó necesario.
Me miró con esos ojos de luna,
esos soles nocturnos que en el
sendero me dan calor.
Me miró con ardientes esferas en sus cuencas,
y preguntó:
¿Dónde está la luz?
(¿qué tengo que hacer?)
Pensativo, la miré
y eché a reír,
una risa amarga.
Y los lobos se abalanzaron
sobre mí,
me devoraron,
ella me miró por
última vez
con esos soles nocturnos,
y yo, yo, yo…
¡Aparté la mirada!
¡Aparté la mirada!
Oscuridad, silencio.
Frío…
Y en la lejanía, un sol negro
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