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miércoles, 28 de marzo de 2007

Arráncame el corazón

Bueno, este poema es de hace ya unos dos meses, pero sigo sintiendo lo mismo que cuando lo escribí...

Hoy la vida parece que llora,

hoy todo ha vuelto atrás,

hoy descubro que,

en el fondo,

nada ha cambiado.

Nada...

Siempre amaré unos ojos,

sean los tuyos, negros profundos,

sean los suyos, azul océano,

o sean los de ésta otra,

verdes praderas.

Verdes praderas donde retozaba

huyendo del laberinto de tormentas

que amenaza con desequilibrarme.

Desequilibrarme y caer,

caer de la torre que construí

con mentiras, caer desde

el autocomplacimiento

y el nihilismo hacia

un futuro...¿mejor?

Mejor...o peor, no hay nada peor

que el estado en que me hallaba, creía

yo, pero créeme cuando te digo que,

oh Dios, oh Dios,

sí que puede ser peor, infinitamente peor.

Ah, amar es caminar descalzo

por un camino regado de rosas...

si te detienes a admirar su armonía

o si echas a correr, abrumado,

hagas lo que hagas, caerás

mortalmente herido en sus espinosas

mentiras cargadas de oscura belleza.

Arráncame el corazón del pecho,

arráncamelo, arráncamelo,

arráncamelo por piedad,

pues cada latido que da me duele

en lo más hondo del alma,

pues cada suspiro que doy

aviva la llama,

porque cada vez que te miro...

me pierdo en la inmensidad,

porque cada vez que te miro...

siento como si ya nada importase,

porque cada vez que te miro...

me gustaría decirte,

¡arráncamelo, despójame de él!

y haz lo que te plazca con este pobre corazón,

pues todos sus latidos, desde el primero al último,

te pertenecen, amor mío.

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