Mientras la niebla
de la subconciencia
empaña mi vista,
y mi párpado lucha por
abrazar mi globo ocular,
me pongo a pensar en ti,
en esos momentos en que burlar
a la muerte parecía cosa baladí.
Cuando tu risa se ensortijaba con tu pelo
formando una maraña
de culpable inocencia,
una telaraña de secretos
y maldiciones olvidadas,
una red donde mi voluntad
está atrapada en contra
de tu voluntad,
ni tu mirada de fuego
puede deshacer
el tejido en el que están
imbuidos mis sueños,
nos miramos el uno al otro
con cara de desesperación.
La resignación,
triste consuelo a la soledad,
atado a ti por algo tan ínfimo
como uno de tus cabellos,
hacer como si nada pasara
es ignorar lo que de bello
hay en este espanto que equipara
lo maldito a lo santo,
pero la historia nunca
acabará, atrapados en la
telaraña esperando a que
la tarántula nos devore ya,
que nuestro corazón
deje de contener el aliento
y vuelva a latir como una
máquina fría y sin sentido.
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