Ella se ha colado en los sueños que debería reservarte, ella, musa primera de mis versos de colegial.
Su mirada vacía, espejo y abismo a un tiempo, y su oscuridad de melena en espiral me envolvían, gritándome al oído, susurrándome en la lejanía
palabras de odio palabras de amor.
Y me mecían, ambas.
Me llevaban más allá, al verdadero amor que se iguala a su contrario. Y el trasamor era tan amplio que me desperté, olvidando el verdadero poema que debía escribirle según lo que me dictó.
No es la primera vez que me lo dicta ni que lo olvido. ¿A qué cumbre yo, Sísifo aislado y extenuado, deberé subir su roca pesada y etérea?
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