Páginas

domingo, 9 de mayo de 2010

Dádiva

Te miro, como a través de una marea de siglos.
Mientras te contemplo, con los ojos y con el sueño,
me maravilla pensar que hayas existido
independiente, única, desconocida,
antes de que te soñara por primera vez.

Me fascina pensar que no tienes tu origen
en mis delirios, que no te gestó mi deseo,
cuando soñaba con vagos cuerpos informes,
altos ideales cuya perfección es inhumana y fría.

Hay un cuchillo sobre la mesilla,
podría ponerte fin como quien sale
de un sueño vívido pero irreal.

Entonces discierno la consecución
de mi aniquilación inevitable.

Y comprendo que yo no te engendré.

Que eres tú quien me sueña.

2 comentarios:

Tardígrado Divertido dijo...

Es precioso. Tanto lo que expresa como las palabras que usas me parecen de una belleza increíble.
Me encanta que estés tan inspirado para escribir, de veras, se te da estupendamente.

Anónimo dijo...

¡Gracias! A ver si voy ganando lectores, que esto se siente solo.