Hasta hoy me creía inmortal.
Mi vida, nuestra separación,
asemejabaseme al movimiento
de los astros o del minutero:
tan lento que no sucede.
Ahora, esta segunda meta,
trampolín hacia el despeñamiento,
lo precipita todo, catarata inmisericorde.
Como unas arenas movedizas,
¡traga todo mi ser!
lo que apenas fui, lo que soy
(y que en breve no seré)
y lo que no me dará tiempo a ser.
La existencia sólo se activa
cuando se atisba el fin del horizonte,
sólo que, en estos casos,
verlo y caer, como abrir los ojos y mirar,
parece un mismo suceso.
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