Páginas

lunes, 5 de abril de 2010

Dolor, sé cariñoso,
por piedad,
con un ingrato.

Concédeme tu presencia
tan intensamente que tarde en curarme:
en olvidarme de que estuve vivo.

Mientras tú no me abandones
mientras la neblinosa sanación
no llegue, sabré que sigo latiendo
y respirando.

Que no morí del todo,
y que aún puedo vivir,
si ella deshace el nudo de mi pecho.

Sí, quiero que vuelva.
Dolor, ¡no me abandones!,
hasta que ella vuelva;
y no te sientas celoso.

¡Gran honor es ocupar su puesto,
aunque sea temporalmente!

De todas formas, no ibas a durarme por siempre.

No hay comentarios: