Dolor, sé cariñoso,
por piedad,
con un ingrato.
Concédeme tu presencia
tan intensamente que tarde en curarme:
en olvidarme de que estuve vivo.
Mientras tú no me abandones
mientras la neblinosa sanación
no llegue, sabré que sigo latiendo
y respirando.
Que no morí del todo,
y que aún puedo vivir,
si ella deshace el nudo de mi pecho.
Sí, quiero que vuelva.
Dolor, ¡no me abandones!,
hasta que ella vuelva;
y no te sientas celoso.
¡Gran honor es ocupar su puesto,
aunque sea temporalmente!
De todas formas, no ibas a durarme por siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario