Tengo,
tengo dentro,
tengo dentro de mi cabeza,
tengo, una masa amorfa y asquerosa,
a una gelatina oscura y casi licuada semejante,
que, porfiando por obviar su baja condición,
Te ama entre chasquidos eléctricos y humores sanguilonentos.
Este repugnante pastiche, que se agazapa en mi testa y que no me deja dormir,
sueña con cielos violetas por un rayo heridos de punta a punta, oscuridad coloreada y rota;
con olores que, reptando, trepan por mi nariz y abrazan lo que hay dentro, obligándolo a recordar;
sueña con mitología, con ese café tomado entre susurros, con lo fugaz y lo venidero, lo sublime y lo perdurable, sueña con aquel momento que dejé pasar pero que siempre se repite ( para nada), sueña con luchas vanas y con rendiciones superfluas. Y vuela, vuela en su encierro.
Pero, ay, nada de toda esa vanidad es comparable a la suprema osadía de la que hace gala al lanzarse a amarte sin sonrojo.
¿Cómo algo así puede siquiera atreverse a mirarte a los ojos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario