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jueves, 22 de octubre de 2009

Caníbal

Mi vida. Mi vida no es azul, ni siquiera tiene un color nombrable. Mi vida no es un mar, tampoco un río, ni siquiera llega a manantial oculto o soñado.

Mi vida sólo son retazos. Pedazos de carne desgarrada y robada a mordiscos voraces. Mi vida sólo son retazos de recuerdos de otros, fragmentos inconexos de lo que sienten otros.

Como el vampiro, nada poseo, nada me es propio ni familiar, sólo el hambre. Pero a la vez, lo tengo (puedo tenerlo) todo. Puedo ser cualquiera. Héroe, villano, sabio, poeta, líder, noble. El papel que se escoja es lo de menos, la máscara no aguantará el invierno. Lo importanter es interpretarlo bien, como si fuera la vida en ello.

Al fin y al cabo:

He caminado toda mi vida hacia delante, pero sin rumbo, decidido, pero perdido; como el burro que hace girar la noria.
Pero el líquido que yo extraigo es algo más inestable, aún más fluido y mucho más inflamable, pero volátil; que el agua. Y me es mucho más caro y precioso, por supuesto.

Aún así:

Me lo beberé sin reparo, pero paladeándolo, sin comedimiento, pero valorándolo como gema o joya; como Baco.

Pues:

La única manera de soportar el invierno es conseguir llegar hasta él desnudo. Totalmente desnudo.

Al menos:

Tendré los dedos calientes.

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