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lunes, 8 de junio de 2009

Cuando ya no sienta tu cuerpo caliente
calentando mi cádaver,
llevaré tu saliva sobre mis azules labios
como un trofeo glorioso.

El cielo inmenso
con luces flotantes y brillantes y acongojantes
y la negrura de lo verdadero
es esa piscina a la que me zambulliría de cabeza
para
alejarme de todo lo mediocre.

Tu cuerpo,
líquido denso,
elixir de eterna juventud y eterna muerte,
ese océano en el que gustosamente me ahogaría
para
renacer a la auténtica vida.

Duele. Duele estar vivo, duele respirar, duele caminar sobre este mundo enfermo, duele estar separado de tí, duele pensar en el pasado y aún más en el futuro.

Pero,
entre tus brazos, la cabeza hundida entre tus pechos desnudos, ya no hay dolor,
sólo suavidad.

1 comentario:

Little fásmido dijo...

Qué artista ^^