Siempre fuiste millas
por delante de mí.
Yo corrí, grité cien veces,
nunca conseguí alcanzarte,
jamás pude comprenderte.
Extendía mi dedo tembloroso
intentando acariciar tu mejilla,
pero desaparecía,
y otra vez a correr,
y a hundir los pies en lodo,
y a caer en esta trampa.
(Que puede ser mortal)
Corría, corría compitiendo
en esta frenética carrera,
a veces persecutor,
siempre perseguido.
Siempre alejado del hogar tranquilo,
siempre con el corazón en vilo,
con la misma pregunta en letras de neón
ante mis ojos, nublada la razón:
¿Quién soy para ti?
¿Qué sentirías si dejara de existir?
Sospecho que nada,
seguirías corriendo
sin sentido,
millas por delante
de mi cadáver
intentando huir
del polvo.
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