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jueves, 20 de noviembre de 2008

Dos poemas de Charles Baudelaire

Vuelvo a colgar poemas del gran Maestro, aquel que con sus Flores del Mal tejió un lacerantemente hermoso y embriagador retrato de toda la existencia humana, el gran Baudelaire. Que disfrutéis.

Obsesión
Me aterráis, grandes bosques, como las catedrales;
clamáis como los órganos; nuestros pechos malditos;
salas de eterno luto y estertores mortales,
a vuestros De Profundis responden con sus gritos.

¡Océano, te odio! ¡Tus saltos y tumultos,
los encuentro en mi espíritu! Esa risa sin par
del vencido, repleta de sollozos e insultos,
yo la escucho en la risa enorme de la mar.

¡Cómo me agradarías, Noche, sin tu tejido
de astros, cuya luz habla lenguaje conocido!
¡Pues yo busco el vacío, lo negro, lo desnudo!

Mas las mismas tinieblas son un telón ceñudo,
donde viven, brotando de mi alma por millares,
¡seres desvanecidos, de rostros familiares!


La afición a la nada

Hosco espíritu, otrora de la lucha prendado,
la Esperanza, que ayer aguijaba tu ardor,
¡ya no quiere espolearte! Échate sin pudor,
viejo rocín que en todo escollo has tropezado.

Resígnate, alma mía; duerme un sueño pesado.

¡Para ti ya no cuentan, viejo merodeador,
ni el amor ni el combate, espíritu burlado!
¡Adiós cantos de cobre y pífano hechizado!
¡No tentéis más, placeres, a un alma sin calor!

¡La Primavera dulce ha perdido su olor!

Y el Tiempo me devora segundo a segundo,
como la nieve inmensa a un cuerpo ya sin vida;
contemplo, desde lo alto la redondez del mundo,
¡y ya en él ni una cueva puede darme guarida!

Avalancha, ¿me quieres llevar en tu caída?

(Traducción de Nydia Lamarque)

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